
Pusiste tu café junto al mío, acercaste tu asiento y me miraste fijamente a los ojos. Y yo lo supe, siempre lo había sabido. Tu mirada bajó lentamente, buscando refugio en mis labios entreabiertos. Pero yo enmudecí, suspiré, contuve la respiración. Tú tampoco dijiste nada, y te acercaste. Claro que te acercaste. Tú buscabas cariño en mis labios cerrados. Pero yo permanecí inmóvil, suspiré, contuve la respiración. Tú tampoco dijiste nada, y me besaste. Claro que me besaste.
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